Hace un par de años se secó un pino del camino de casa. Tardé meses en descubrirlo, padeció el otoño, fué masacrado por el inverno, y eso a los pinos no les suele pasar. Continua erguido aunque ya no está. Siento hacia él una afinidad que me inquieta.
15 de junio de 2012
19 de enero de 2011
La domadora de sueños está dentro de la jaula, sentada en el pequeño taburete, con los codos en las rodillas y la cara entre las manos. Sus fieras asustadas aguardan al otro extremo, pactan una tregua unilateral, estan consternadas, observan los efectos trágicos de la revuelta, se arrepienten de haber intentado escapar.
Se lamenta en silencio de no saber ningún otro oficio, de no soportar el exterior de la jaula, de tener la vista tan larga y las piernas tan quietas. La domadora de sueños se acaricia la sien y a la bestia muerta repitiéndose que es lo mejor para todos, que a la vida hay que mantenerla a raya.
Cada vez que algún sueño se le va de las manos perpetra un suicidio parcial.
17 de enero de 2011
Si no es a tí, será a tu vacío o a tu ausencia.
Sabes de sobra que amaré algo de tí mientras tenga vida, corazón o memoria.
9 de diciembre de 2010
cinco noches, tres camas, dieciocho personas, trece de ellas de hacía años, mil seiscientos kilómetros, algunos con toneladas de sal en el pavimento y otros con metros y metros cúbicos de lluvia, entre diez grados negativos y veintiuno positivos un rango de treinta grados de temperatura, promesas de visitas, proyectos conjuntos, hastaprontos...
todo eso sumado y a mi regreso ningún cambio
sigues sin estar
no quedan ni hojas secas, me invade el invierno y empiezo a dudar que existas
no consigo recordar nuestras cifras, no hay manera de medirte
26 de noviembre de 2010
creo que sigo viva
me gusta casi todo lo de mi hijo, hacer el el sexo o el amor por sorpresa, la comida japonesa, las personas que se ríen con facilidad y las puestas de sol de invierno
cosas sencillas y obvias supongo, pero que me hacen comprobar que sigo viva
a veces me hacen falta estos pellizcos
11 de octubre de 2010
una más que me gustaría haber compuesto
Y el otoño que se cree que se me viene encima.
Para nada.
Este año el otoño sale de mí.
(lamento la publicidad... casi todo tiene un precio)
27 de septiembre de 2010
un poco de ciencia
Llego a la conclusión de que el Amor (permítanme las mayúsculas), el Amor ni se crea ni se destruye, y como cualquier otra energía es inagotable por lo tanto.
El mayor de los problemas del Amor entendido como energía, reside en que existe en una cantidad limitada y su ubicación es caprichosa. El Amor solo se transforma. Y cambia de manos. Y cambia de orígenes, de destinos, de sentidos, de funciones.
El Amor en estado sólido se puede ver paseando los domingos por las calles y tras las ventanas de las casas. Va subido en los triciclos y se sienta en los bancos de los parques.
En estado líquido convierte casi cualquier lugar en una piscina de deseo. Si se dan las condiciones adecuadas puede transferir sus propiedades físicas a los amantes, que se funden, se mezclan y se transforman en un solo elemento que lamentablemente tiene la propiedad de congelarse y estallar contra el suelo en millones de cortantes pedazos de cristal.
Y todo el resto del Amor, la mayoria se encuentra en estado gaseoso. Océanos de Amor. Galaxias. Lo vemos, lo olemos, lo soñamos, nos infecta, nos esquiva, y nos marea.
Hay quien dice que el ser humano es diferente del resto de los animales por su capacidad de razonamiento y yo lo dudo mucho. Creo que lo que nos hace diferentes es nuestra pobre capacidad de cazar, sentir, transmitir, sintetizar, y a veces, solo a veces, solidificar el Amor.
17 de agosto de 2010
Me seduce el otoño. Lo estoy esperando.
Es un caldo caliente donde remojar, ablandar y saborear la melancolía, el momento ideal para los onanistas del recuerdo. Y yo lo soy.
Me gusta tanto lo que me produce la melancolía que a veces cubro con ella mis deseos, mis anhelos y mis sueños: de esa manera tengo la sensación de recordar con placer cosas que en realidad aún espero vivir.
Mi niño ha aprendido a abrazar fuerte, a verbalizar la sorpresa, cacarear, ladrar y comer trocitos él solo. También ha aprendido a saludar educadamente a los aviones y a los pájaros (por este orden).
No se si es un buen presagio que se socialice antes con las cosas que flotan en el aire que con las que estamos condenadas al suelo.
Al final resulta que si que se va a acabar pareciendo a mi.
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