3 de marzo de 2009




















El amor... otra vez pero la primera vez, con las mismas mariposas en el estómago, el mismo soñar despierta, el imaginar futuros, el desear con ansiedad que todo salga bien...
Te miro y dejo de mirar el resto de las cosas, de verdad de la buena, no puedo mirar nada mas, ni siquiera cuando cierro los ojos.

Nunca es tarde para aprender lo que es realmente importante. Eres nuestro y te amamos. Y punto.

(y nuestros mas sinceros agradecimientos al donante y a los políticos que han permitido que podamos ser madres de un modo tan transparente, tan bonito y tan como todo el mundo)

12 de febrero de 2009

¿te acuerdas del día en que murió Carles Sabater?
Poco después también Enrique Urquijo se marchó por la puerta trasera.
Fué el año en que nací por enésima vez: me pasa siempre que alguna parte de mí desaparece. Así me mantengo viva, aunque mas pequeña quizá, a cada pérdida.

te preparo aire y ropa limpia

11 de febrero de 2009

creo que ya no me caben mas hormonas

Estaba pensando en mi padre. Como ya no lo recuerdo, lo imagino; igual que a tí, que duermes escondido en mí y no te conozco. He acabado llorando como una imbécil releyendo esto:

Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.

A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.

De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.

Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.

Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.

Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.

Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.



Poema nº14 - Pablo Neruda

5 de febrero de 2009

las tantas otra vez...

La naturaleza es sabia.

Algo me genera insomnio, supongo que para acostumbrarme a lo que vendrá dentro de poco. Repeticiones de programas en la tele. Leche caliente con galletas. Internet. Viajes al baño y a la nevera. Me rallo. Además el perro ha decidido dormir por ahí esta noche. Me vuelvo a rallar. Repiten las repeticiones de programas en la tele. Tengo frío. Me vuelvo a no dormir a la cama. Allí hace menos frío.

Me cago largamente en la sabiduría de la naturaleza.

25 de enero de 2009

la ventolera

Antes:
Observese el enorme pino que se ve detras de la casa, en el centro de la fotografía, al lado de la furgoneta. Hay que tener en cuenta que se ven unas 2/3 partes del pino, falta casi toda la copa...



Despues:
Ahora tenemos un tótem en lugar de un pino, y no ha sido la única víctima, solo que los otros no han roto casi nada.
En próximos capítulos os explicaré como hemos sacado la furgoneta de alli sin hacerle aún más daño.

19 de enero de 2009

pobres chuchos...









Los domingos de invierno por la tarde son tan aburridos...

15 de enero de 2009

Los dias van cayendo y se extienden por el suelo de casa, amarillos y crujientes. Serán las heladas. Me estoy quieta y los veo caer. No se me hacen largos. No me aburro. No me desespero aunque no salga de casa.

Recojo los días caidos. Con ellos enciendo la estufa y los miro quemar.

Me caracolo, espero y duermo. Te toco cuando te mueves y te digo tontadas. Como buena anfitriona intento que estés lo mejor posible aqui dentro, imagínate, hasta el punto de perdonarte este invierno.

Este invierno si que te lo puedo perdonar.

Intento asumir la enormidad de una frase que no para de rondarme por la cabeza: si tienes un poco de suerte nunca más estaré realmente sola, ni aún si así lo quisiera.

Quiero verte. Quiero tenerte encima. Quiero ser tu desayuno.

(... y sigo pensando en el chocolate con churros. Del sábado no pasa)

12 de enero de 2009

Poseida (o como sucumbir al antojo)

Ocho menos cuarto, te acerco al tren que te conducirá al curro, y no me preguntes como, entre la atención a las curvas saladas, los dos grados persistentes, el sueño y la pereza, me viene a la cabeza un chocolate con churros.
Chocolate con churros. Churros con chocolate. Da lo mismo el orden de los factores: se genera el antojo. Por supuesto, ya he desayunado, los antojos no responden a necesidades ni a nada lógico, son simples ataques de vicio.
Total, que a la vuelta del tren, ocho y media, incrédula de mí misma, paso de largo la salida que conduce a casa y tiro para el pueblo a consumar mis deseos.

Y aprendo algo: los lunes no abre la churrería.

Dudando entre esperar a que abra la oficina del consumidor para dejar constancia de mi queja y mi desolación y volver a casa con el rabo entre las piernas, he pasado por el horno de la esquina. Me acabo de zampar un trozo de coca de aceite recien hecha y una ensaimada. La desesperación a veces lleva al exceso, pero no he podido evitarlo.

Lo peor esque sigo pensando en el chocolate con churros/churros con chocolate, y costará horas y seguramente una siesta poderme sacar temporalmente las ganas de la cabeza.

¿Crisis?

¿Qué crisis?

18 de noviembre de 2008

el cachorro de oso de peluche

Me propuse no volver a postear nada hasta que tuviese algo que contar fuera de los meses excepcionales por los que paso. No hay manera.
Y además cada día mas ñoña...
Solo me apetece hablar del cachorro que esperamos, supongo que porque pocas cosas más allá de él y su otra madre me importan realmente. Y no soy egoísta ni insolidaria: son las hormonas.
Esta sensación lo llena todo físicamente. Cada día me tengo que sentar un poco mas lejos del borde de la mesa, la beso desde más distancia y lo paso peor para calzarme. Intento hacer mis cosas obviando que hay algo que se revuelve dentro de mi. Cuando tengo ocasión, paso los ratos mirando mi barriga que cobra vida y se mueve de manera evidente a la vista, como un saco con un gato dentro. Alucino y pienso si él es consciente también de las cosas que yo hago, si me escucha hablar o tiene menos espacio para moverse cuando acabo de comer, o se aburre de notar mis latidos.
Ella le susurra historias sobre osos de peluche a traves de mi ombligo, convencida de que ese es el conducto adecuado para dirigirse a él.
Creo que él también pega su oreja por dentro para escucharla mejor. Seguro que no entiende nada, porque aún no sabe qué son los osos de peluche. Ni siquiera sabe que vive dentro de uno de ellos.