Perdí mi virginidad quirúrgica hace cuatro semanas. Aunque estaba todo previsto desde hacía tiempo, era para mejor, y no era peligroso ni excesivamente invasivo, llegué cagada a aquel lugar frío y lleno de gente vestida de verde. Pero cagada cagada, vamos.
Cumplieron su misión eficazmente, aunque no sin ciertos efectos colaterales que me han hecho descartar para siempre la posibilidad de repetir la experiencia, salvo que sea absolutamente necesario. En definitiva, que ni gratis me arreglo las tetas o me quito un juanete después de esto.
Y en estas cuatro semanas ni he escrito ni he leído blogs. Pensé que me aburriría horrorosamente y así fué mientras no pude moverme del sofá, pero en seguida desarrollé el método para encoger los días: repartir las pocas cosas que tengo que hacer a lo largo de toda la jornada, engancharme de nuevo a los juegos de puzzle, marujear y cocinar.
De modo que he visto hacerse mayor al otoño y nacer al invierno, he aprendido de los hábitos domésticos de mis perros, de como viven y qué hacen cuando no estoy, del ángulo de la luz del sol según la hora, de los viejos que caminan por aquí, de los vientos que empujan -o no- a las hojas al suicidio. He aprendido muchísimo de mi, y me he acabado creyendo que se puede estar agusto conmigo, incluso conmigo misma, fíjate tú...
19 de noviembre de 2007
mode maruja on
de 20 a 25
sois los que entrais de media diariamente por este humilde rincón de la blogosfera, aunque haga mes y medio que no edito y mucho tiempo más que solo cuento chorradas y ñoñeces...
que majos :D
(ante la escasez de genios parece que la mediocridad también acaba molando un poco)
10 de octubre de 2007
standby
Dentro de dos semanas comenzará una época más doméstica... a mí todas las musas me vienen a buscar por las mañanas, pero con eso de tener que salir pitando para el curro, ya se sabe.
Hasta dentro de poco...
4 de octubre de 2007
vivir dos veces
A las tantas tengo mis segundos atardeceres cuando leo las cosas que cuentan los blogs de américa austral. Me doy cuenta de que no todo es otoño, de que solo hay que mirar unas horas más allá en el globo terráqueo para que en lugar de caerse las castañas con los temporales de lluvia y viento, florezcan los almendros.
Para allí se va toda la luz que de aquí se marcha, para que parte del mundo se vaya de vacaciones a la playa en navidad. Es un muy buen consuelo.
1 de octubre de 2007
días sosos
Se que si me pongo acabo contando alguna tontada en el blog. Eso cuando estoy normal, claro. El problema es que tengo una racha algo sosa: más curro (menos tiempo que perder con los blogs), dieta (resignación al puto destino eterno de las obesas), sin proyectos de ocio a corto plazo (demasiado jolgorio económico en los viajes del verano), días que se acortan otra vez (ver mi casa con luz natural empieza a ser un privilegio de fin de semana).
Que si, que no siempre se puede tener una vida chulísima y emocionante en la que acontecen cosas cada día, que así se lo pasa una mejor después, que bla bla bla... El caso es que no se me ocurre nada que contar, ni siquiera echando mano de la imaginación, ni siquiera sobre política, música, fútbol o batallitas pasadas.
Me siento como flotando en una gelatinosa sopa china, ni caliente ni fría, moviéndome con dificultad y pereza. Será el otoño. Digo yo, vamos.
26 de septiembre de 2007
¡era eso!
...creo que ya lo se, estoy segura que lo que hace que últimamente sienta con tanta fuerza que me estoy convirtiendo en una persona mayor es el hecho de tener que solucionar los problemas de mi madre. Curiosa sensación.
Quizá mientras crecemos -y así aprendemos todas las cosas- la balanza cae claramente a favor de las experiencias gratificantes, ni que sea porque los buenos recuerdos casi siempre sobresalen de por entre los recuerdos desagradables.
La resignación y a la vez la resistencia a las experiencias desagradables es lo que me hace sentir el peso de miles de años sobre los hombros.
Siempre es bueno saber qué es lo que se padece.
25 de septiembre de 2007
A estas alturas del año un lunes soleado sin tener que trabajar es un auténtico regalo. Miro el paisaje mientras paso la mano insistentemente por las hojas de menta que aún resisten, como si se tratase de la cabeza de un perro, y entonces todo el universo huele así...
21 de septiembre de 2007
La cajera
Viernes mediodía, las dos menos nada. Consigo entrar en la sucursal por los pelos. Pido a la cajera del banco que me anule la tarjeta de crédito y justo cuando le estoy entregando el D.N.I. desvía su vista a mi izquierda con un gesto de sorpresa secuestrada de comedimiento y buenas formas de niña bien.
Un repartidor de treintaitantos con melena corta y look dejado-fashion no puede ocultar su sonrisa detrás del enorme vaso de vidrio transparente que sirve de recipiente a un todavía más enorme ramo de rosas rojas.
El repartidor dice su nombre y le entrega un sobre. Me siento víctima de un momento romántico a cuatro bandas. La cajera recoje el sobre bajando la cabeza, como si no pudiese soportar el peso de la timidez sobre sus hombros. No lo abre. Está a punto de abrirlo pero no lo abre y lo pone sobre la mesa mientras pide al repartidor que deje el ramo encima de una mesa libre que hay al lado y no encima del mostrador, interponiéndose entre ella y yo.
Durante un par de segundos ella se bloquea mientras ve marchar al repartidor que antes de salir por la puerta se gira y le dirige la última sonrisa. Vuelve a coger el sobre, pero cae en la cuenta de que en la otra mano tiene mi tarjeta y no sabe qué hacer. Le digo que por mí no se corte de abrir el sobre, que no tengo prisa, pero me responde que no hace falta, que ya sabe de qué se trata...
Por un momento pienso que es una pija fría e insulsa y que su cálida timidez asiática solo es impostura. Claro que, yo soy yo, y enseguida miro directamente su escote, imaginando que cuando acabe mi trámite irá al lavabo con el sobre y fantaseará con el fín de semana.
La imaginación es el mayor milagro.
19 de septiembre de 2007
Solo algo para contar entre tanta pereza
Últimamente todo indica que me estoy haciendo mayor.
Creo que el cambio radical consiste en que estoy desarrollando la capacidad de preocuparme por cosas importantes y me resbalan del todo las tonterías, y esto es exactamente todo lo contrario de lo que había sido siempre. Ahora no sumo las pequeñas catástrofes de cada día, lo que convertía a veces mi existencia en un cataclismo, sino que las intento abordar individualmente y no dejo que se contaminen y multipliquen las unas con las otras.
El caso es que no se si sufro menos o es que reparto mejor la parte de sufrimiento que me toca, y así, el perfil del transcurso de mis días, rachas y épocas no presenta un relieve tan escarpado como hace años. Ahora me envuelven las dunas.
Igual es el amor, recordar estúpidas tormentas autoinducidas, la certeza de que el mundo se ha vuelto loco, o quizá sí, igual resulta que me estoy haciendo tan mayor como los mayores.
En realidad no pasa nada, creo que todo esto que pasa -o no pasa- está bien y casi casi no puedo quejarme... lo que me inquieta es dudar de si a mí me gustaría alguien como yo.
Y lo dudo tranquila, mirando como el viento seduce las incautas hojas de estos árboles de ciudad.
4 de septiembre de 2007
Gafipastosa
Igual soy una frívola por utilizar los cambios de gafas para marcar puntos de referencia, pero es así. Igual es que concedo a esta prótesis externa la capacidad de sintetizar mi alucinante personalidad (tan dificil de observar solo mirándome al careto este que tengo, tan del montón).
El caso es que un trompazo que me pegué hace unos días (por leer subiendo escaleras) dió al traste con mis anteriores y revolucionarias gafas, y tras pasar el luto y asumir que no se pueden reparar, he decidido trasladar mi apasionante ego a estas otras de aquí arriba. Espero que se acomode rápidamente a ellas, o pronto empezará mi época de tia rara de gafas reparadas con cinta adhesiva.
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