10 de octubre de 2007

standby


Pues no se me ocurre nada que contar. Bueno, si, mil cosas, pero ninguna original, ni en el fondo ni en la forma, de modo que supongo que el blog está un poco en standby...
Dentro de dos semanas comenzará una época más doméstica... a mí todas las musas me vienen a buscar por las mañanas, pero con eso de tener que salir pitando para el curro, ya se sabe.

Hasta dentro de poco...

4 de octubre de 2007

vivir dos veces

A las tantas tengo mis segundos atardeceres cuando leo las cosas que cuentan los blogs de américa austral. Me doy cuenta de que no todo es otoño, de que solo hay que mirar unas horas más allá en el globo terráqueo para que en lugar de caerse las castañas con los temporales de lluvia y viento, florezcan los almendros.

Para allí se va toda la luz que de aquí se marcha, para que parte del mundo se vaya de vacaciones a la playa en navidad. Es un muy buen consuelo.

1 de octubre de 2007

días sosos

Se que si me pongo acabo contando alguna tontada en el blog. Eso cuando estoy normal, claro. El problema es que tengo una racha algo sosa: más curro (menos tiempo que perder con los blogs), dieta (resignación al puto destino eterno de las obesas), sin proyectos de ocio a corto plazo (demasiado jolgorio económico en los viajes del verano), días que se acortan otra vez (ver mi casa con luz natural empieza a ser un privilegio de fin de semana).

Que si, que no siempre se puede tener una vida chulísima y emocionante en la que acontecen cosas cada día, que así se lo pasa una mejor después, que bla bla bla... El caso es que no se me ocurre nada que contar, ni siquiera echando mano de la imaginación, ni siquiera sobre política, música, fútbol o batallitas pasadas.

Me siento como flotando en una gelatinosa sopa china, ni caliente ni fría, moviéndome con dificultad y pereza. Será el otoño. Digo yo, vamos.

26 de septiembre de 2007

¡era eso!

...creo que ya lo se, estoy segura que lo que hace que últimamente sienta con tanta fuerza que me estoy convirtiendo en una persona mayor es el hecho de tener que solucionar los problemas de mi madre. Curiosa sensación.
Quizá mientras crecemos -y así aprendemos todas las cosas- la balanza cae claramente a favor de las experiencias gratificantes, ni que sea porque los buenos recuerdos casi siempre sobresalen de por entre los recuerdos desagradables.
La resignación y a la vez la resistencia a las experiencias desagradables es lo que me hace sentir el peso de miles de años sobre los hombros.

Siempre es bueno saber qué es lo que se padece.

25 de septiembre de 2007

A estas alturas del año un lunes soleado sin tener que trabajar es un auténtico regalo. Miro el paisaje mientras paso la mano insistentemente por las hojas de menta que aún resisten, como si se tratase de la cabeza de un perro, y entonces todo el universo huele así...

21 de septiembre de 2007

La cajera

Viernes mediodía, las dos menos nada. Consigo entrar en la sucursal por los pelos. Pido a la cajera del banco que me anule la tarjeta de crédito y justo cuando le estoy entregando el D.N.I. desvía su vista a mi izquierda con un gesto de sorpresa secuestrada de comedimiento y buenas formas de niña bien.
Un repartidor de treintaitantos con melena corta y look dejado-fashion no puede ocultar su sonrisa detrás del enorme vaso de vidrio transparente que sirve de recipiente a un todavía más enorme ramo de rosas rojas.
El repartidor dice su nombre y le entrega un sobre. Me siento víctima de un momento romántico a cuatro bandas. La cajera recoje el sobre bajando la cabeza, como si no pudiese soportar el peso de la timidez sobre sus hombros. No lo abre. Está a punto de abrirlo pero no lo abre y lo pone sobre la mesa mientras pide al repartidor que deje el ramo encima de una mesa libre que hay al lado y no encima del mostrador, interponiéndose entre ella y yo.
Durante un par de segundos ella se bloquea mientras ve marchar al repartidor que antes de salir por la puerta se gira y le dirige la última sonrisa. Vuelve a coger el sobre, pero cae en la cuenta de que en la otra mano tiene mi tarjeta y no sabe qué hacer. Le digo que por mí no se corte de abrir el sobre, que no tengo prisa, pero me responde que no hace falta, que ya sabe de qué se trata...

Por un momento pienso que es una pija fría e insulsa y que su cálida timidez asiática solo es impostura. Claro que, yo soy yo, y enseguida miro directamente su escote, imaginando que cuando acabe mi trámite irá al lavabo con el sobre y fantaseará con el fín de semana.

La imaginación es el mayor milagro.

19 de septiembre de 2007

Solo algo para contar entre tanta pereza

Últimamente todo indica que me estoy haciendo mayor.

Creo que el cambio radical consiste en que estoy desarrollando la capacidad de preocuparme por cosas importantes y me resbalan del todo las tonterías, y esto es exactamente todo lo contrario de lo que había sido siempre. Ahora no sumo las pequeñas catástrofes de cada día, lo que convertía a veces mi existencia en un cataclismo, sino que las intento abordar individualmente y no dejo que se contaminen y multipliquen las unas con las otras.
El caso es que no se si sufro menos o es que reparto mejor la parte de sufrimiento que me toca, y así, el perfil del transcurso de mis días, rachas y épocas no presenta un relieve tan escarpado como hace años. Ahora me envuelven las dunas.
Igual es el amor, recordar estúpidas tormentas autoinducidas, la certeza de que el mundo se ha vuelto loco, o quizá sí, igual resulta que me estoy haciendo tan mayor como los mayores.

En realidad no pasa nada, creo que todo esto que pasa -o no pasa- está bien y casi casi no puedo quejarme... lo que me inquieta es dudar de si a mí me gustaría alguien como yo.

Y lo dudo tranquila, mirando como el viento seduce las incautas hojas de estos árboles de ciudad.

4 de septiembre de 2007

Gafipastosa

Igual soy una frívola por utilizar los cambios de gafas para marcar puntos de referencia, pero es así. Igual es que concedo a esta prótesis externa la capacidad de sintetizar mi alucinante personalidad (tan dificil de observar solo mirándome al careto este que tengo, tan del montón).
El caso es que un trompazo que me pegué hace unos días (por leer subiendo escaleras) dió al traste con mis anteriores y revolucionarias gafas, y tras pasar el luto y asumir que no se pueden reparar, he decidido trasladar mi apasionante ego a estas otras de aquí arriba. Espero que se acomode rápidamente a ellas, o pronto empezará mi época de tia rara de gafas reparadas con cinta adhesiva.

30 de agosto de 2007

algo más sobre viajes

Escribe algo -cada día me digo todo esto varias veces-. Deben pensar que llevas nosecuantos días por ahí de relajo. Carmencita, eres lo puto peor, cuando no sufres no se te ocurre nada que relatar...

Pues primero anduve de vacaciones en mi pasado, pero solo el tiempo justo para poder rebotar -como si llevase muelles en los pies- directa hacia los deseos bucólicos de vivir escuchando el discurrir del agua entre las piedras, de huir de la chabacanería y la locura inmobiliaria que infecta este país de algunos nuevos ricos que chupan la sangre de millones de nuevos pobres.

Regresé muy reconfortada de saber que existen lugares a los que poder escaparse llegado el caso. También me encantó volver a comprobar que cuanto más tiempo estamos juntas mejor nos lo pasamos, que no podría haber escogido mejor compañera para mis viajes.

Todo esto no os lo he contado porque al regreso caí de cabeza en una vorágine laboral que me mantiene cansada, que me hace olvidar todo aquello que no sea la ducha y el sofá cuando regreso a casa. Y vosotr@s, quienes seais, esteis donde esteis, seguís pasando por aquí a ver qué me cuento de nuevo. Mil gracias.

21 de agosto de 2007

Mi patria en mis zapatos

Siempre creí haber nacido en el cuerpo equivocado (demasiado grande) y con la cara equivocada (demasiado normal), pero supongo que la edad va quitando las tonterías y los años nos van acostumbrando a estas cosas a los que no podemos permitirnos la cirugía. Por fortuna este lamentable complejo es un asunto casi casi solucionado.
Pero hace unos años, además de mi desubicación corporal, empecé a sentir una suerte de descoloque nacional (entendiendo por nación el lugar donde uno nace). Lo cierto es que nunca sentí amor por mi lugar de origen, ni le encontré ningún tipo de belleza. La mayoría de la gente se siente orgullosa de su pueblo o su ciudad, y la ama como se ama a los hermanos, a los padres, a la familia, amando porque sí, encontrándo mil virtudes entre los defectos, con amor ciego e incondicional.
Supongo que por eso nunca me ha supuesto un problema cambiar de lugar buscando una vida mejor, cambios aleatorios que casualmente me han llevado hacia lugares mas húmedos y hacia el mar.
Han pasado los años y en mis migraciones el tiempo parece haberse despistado hasta el punto de conseguir dar medio paso atras entre la generación que ahora ocupan mis amigos de la infancia o mi hermano y el limbo treintañero en el que nado hace tiempo. Ya no soy de allí y tampoco soy como ellos.

Aunque no consigo imaginar en qué lugar me habría gustado nacer (supongo que eso realmente me da lo mismo), o como me habría gustado recordar mi infancia y adolescencia, no paro de soñar con los lugares a los que me gustaría ir llegando.
Estoy segura de que los deseos que no luchamos por cumplir son los que hacen que la vida nos pese tanto a veces, de modo que cada día me siento más animada a dejarme fluir hacia el norte.